Subirnos al auto y partir hacia donde nos lleve el viento, era uno de los pequeños placeres que disfrutábamos con mi esposa. Dejarnos llevar, poner AC/DC (la banda y el aire acondicionado) y recorrer las rutas de Bolivia. Digo disfrutábamos porque, con la crisis de carburantes, ahora no sabemos cuándo nos podríamos quedar varados sin gasolina a medio camino.
El tema es que hace cuatro años, poco después de las elecciones subnacionales, nos fuimos hasta Tarija. Pasamos por Patacamaya, Oruro, Potosí, Camargo… y algo nos llamó la atención a lo largo del camino. Las pintadas con los nombres de los candidatos, tan típicas de los períodos electorales (y tan poco estéticas), eran todas azules. Todas del Movimiento Al Socialismo. Para presidente, alcaldes, gobernadores…
¿Habían sido proscritos los candidatos de otras agrupaciones? No. ¿Se les había prohibido promocionar a sus candidatos? Imposible. ¿Qué había pasado? Simple: los opositores, encandilados por la magia de las redes sociales, su relativa facilidad de uso y su potencial, habían minimizado el trabajo de territorio, tan básico en la política, centrándose en publicaciones de Facebook, difusiones en WhatsApp y en videos para la rutilante TikTok. Un descuido aprovechado por el frente oficialista para mantenerse vigente 5 años más.
Pero eso era entonces.
La de 2025 es la primera elección en la que las redes sociales tuvieron un peso determinante en los resultados electorales. De los candidatos que disputarán la segunda vuelta, uno es el que más invirtió y el otro, uno de los que apenas lo hizo.
Según Bolivia Verifica, en 90 días Tuto Quiroga invirtió en Facebook un total de 976 mil bolivianos, contra 200 bolivianos de Rodrigo Paz Pereira. ¡Casi un millón contra un humilde Franz Tamayo! La mayor parte de la inversión de Tuto se hizo desde su cuenta oficial, mientras que, en el caso de Paz, un par de cuentas no oficiales invirtieron Bs 155 una y algo menos de Bs 100 la otra. La página de Tuto llegó a 188 mil seguidores, con 13 administradores en Bolivia, 2 en Estados Unidos y uno en Argentina, mientras la página de Paz Pereira tenía, el día de la elección, casi 30 mil seguidores, con 3 administradores en Bolivia, uno de ellos la hija del candidato. Hoy, el interés por su candidatura impulsó la cuenta a 70 mil seguidores.
Pero eso es solo en la plataforma de Meta. Según Data Reportal, TikTok es la red con más miembros activos en Bolivia: 7,63 millones, frente a los 7,6 millones de usuarios de la red de Zuckerberg. Paz Pereira duplicó allí sus seguidores entre julio y agosto, pasando de 80 mil a 160 mil. Después de la elección, llegó a 316 mil.
De igual forma, las búsquedas sobre él en Google se dispararon el 2 de agosto. ¿La razón? El 1 de agosto, la encuesta de El Deber lo ubicó como un sorpresivo tercero después de Samuel y Tuto. De ahí, todo fue de subida para el ex alcalde de Tarija. Mientras tanto, su candidato a vicepresidente, Edman Lara, hacía lives diarios en TikTok y su alcance nunca bajó de las 7 mil visualizaciones, llegando casi al millón en uno de sus contenidos.
Pero hay algo más. En una campaña centrada en debatir paliativos a la crisis económica, Paz Pereira tuvo dos apuestas creativas. La primera, un reel en el que se encontraba con el Death Note, el famoso cuaderno donde anotas el nombre de quienes quieres “desvivir”. Ahí colocó los nombres de la corrupción, el estado tranca, la aduana y los impuestos. Y la segunda, dos contenidos cargados de emotividad con su padre, Jaime Paz Zamora, que se dispararon sobre los 3 millones de visualizaciones.
Yo le di todo mi apoyo a Samuel y su propuesta me sigue pareciendo la más acertada para solucionar la crisis. Pero el domingo en la noche, fui uno de los muchos sorprendidos por ese porcentaje alcanzado por Paz y Lara. Ojo, las redes no lo explican todo: ellos hicieron territorio, tuvieron a su favor el fenómeno del voto oculto y el no decidido, junto con otros factores como una turbia guerra sucia hacia el primero en las encuestas y el desencanto del electorado con alternativas de izquierda y derecha. Pero no pagaron ni un segundo de pauta publicitaria en televisión. ¿Se puede llegar a la Plaza Murillo solo confiando en el algoritmo? ¿Sigue siendo necesario interrumpir la novela con un “Espacio Solicitado”? Tenemos dos meses para saberlo. Mientras, mi esposa y yo vemos TikToks aquí en la fila de la gasolina, añorando volver a la carretera.



